Estoy indignado porque, en el fondo, que las cosas cambien depende de nosotros. Y se nos había olvidado.
Estoy indignado por quienes creen que la política es un negocio, por quienes buscan trajes bonitos o un buen puesto para su hermano.
Estoy indignado por la facilidad con la que se miente, con la que se roba. Por lo pronto que se olvida, por lo rápido que se ignora.
Estoy indignado porque se gobierne de arriba hacia abajo. Por los peajes que hay que pagar para subir. Porque ellos, los políticos, sólo bajan cada cuatro años con sus caretas hechas con Photoshop.
Estoy indignado por los políticos que no responde preguntas porque creen que los periodistas están sólo para ser sus portavoces. Por los periodistas que hacen de portavoces.
Estoy indignado por el ruido, por la suciedad, por todo lo feo que sale en las pantallas de televisión, en las páginas de los periódicos.
Estoy indignado por ver cómo mis amigos se van a Berlín, a Londres o a México a buscar lo que deberían poder encontrar en España: una oportunidad.
Estoy indignado por esta Europa de tecnócratas, de burocracia. De esta Unión que es sólo económica y que se olvida de los ciudadanos.
Estoy indignado porque ellos son un reflejo de lo que somos nosotros. Y hemos mirado hacia otro lado demasiado tiempo.