Twitter es el nuevo must en la comunicación política 2.0. No me gusta usar la palabra must ni la expresión 2.0, pero las uso porque creo que reflejan por sí solas la idiotez del asunto: la manera en que los políticos han ido apareciendo en Twitter como bichos atraídos por la luz.
Esta entrada parte de un tuit lanzado por Kurioso:

¿Qué clase de respuesta espera Kurioso? No voy a subestimarle, supongo que no pensará que Esperanza Aguirre va a entrar de lleno en el debate. No. Como mucho, Kurioso puede esperar que le den una respuesta estándar y aséptica.
Esperanza Aguirre es un ejemplo, pero no es el único. Parece que el número de miembros del equipo aumenta en función de lo alto que esté el político en el escalafón. Muchos argumentan que el político no tiene tiempo para ocuparse por sí mismo pero en el fondo es pereza: hay muchas personas que llevan una vida muy ocupada y que no usan negros tuiteros.
También se argumentará que es por seguridad: lo lleva el equipo (¿becarios nativos digitales?) y así nos aseguramos de que el político no meta la pata en un entorno que es hostil y salvaje (por desconocido) para él.
Al final, la cuenta del político se convierte en un batiburrillo de frases contundentes con vocación de ser retuiteadas y contestaciones más o menos artificiosas y casi siempre vacías. Por no hablar del sospechoso uso de la primera persona. ¿Y qué hay de interesante en eso?
Estoy seguro de que si analizamos a los seguidores de este tipo de cuentas, el 85% son personas que comulgan casi al completo con el político, votantes y compañeros de partido. El 10% son contrincantes que saltan a la mínima que pueden y el 5% restante se dedican a la comunicación política y las siguen casi por obligación profesional.
Por suerte, hay políticos que son ellos mismos, que responden, y critican, y atacan, y saludan, y que cuentan hasta las veces que se lavan los dientes al día. Ruth Carrasco (del PSOE cántabro) y Santiago Cervera (del PP navarro) me parecen dos buenos ejemplos, pero hay más. A mí al menos me resultan mucho más interesantes.
Pero los políticos que van a hablar a través de sus equipos, mejor que no estén, en serio, no pasa nada. Y si de verdad quieren estar, si lo consideran fundamental en sus estrategias de comunicación, entonces que esos equipos se ganen el sueldo explicándoles cómo estar. Y que vuelen solos, como pajarillos. (Lo siento, no podía resistirme a la broma cursi e idiota al final).
PD. Supongo que un análisis más profundo podría pasar por hablar del político como marca. Esto son sólo unos apuntes a bote pronto a raíz del tuit de Kurioso.